El “megacanje” se realizó en junio de 2001 y fue la reconversión de 20 mil millones de dólares de bonos de la deuda a cambio de aumentar el capital y los intereses, en una operación considerada ruinosa por economistas de la época.
Todos estaban imputados no por la decisión política del megacanje sino por presuntamente haber beneficiado, como parte del equipo que encabezaba Cavallo, a determinados bancos en la gestión de la operación y el cobro de comisiones millonarias por ello.
Cavallo fue juzgado y absuelto en un juicio oral por un tribunal y también en su caso la decisión tiene fuerza de “cosa juzgada”.
Sobre la base de esa absolución, el juez Sebastián Ramos -quien había procesado a todos- revirtió la decisión y los sobreseyó, y la Cámara Federal progresivamente fue ratificando esas decisiones que virtualmente le dan a la añeja causa un cierre definitivo.